La experiencia del Boston e-lab

¡Realizar el programa del Boston e-lab el pasado verano fue toda una experiencia! Aprendí muchísimas cosas (la lista sería demasiado larga para reproducirla aquí) que me servirán mucho en los próximos años, tanto a nivel personal como profesional. De toda esta larga lista, en lo personal me quedo con la gran conexión que he establecido con mis compañeros de clase y lo mucho que he aprendido de ellos –un grupo increíble de personas de distintas promociones del Executive MBA de ESADE.

Vivimos distintas situaciones dentro y fuera de clase que nos convirtieron en un auténtico equipo y que estoy segura de que propiciarán nuevas colaboraciones en el futuro. Por ejemplo, ahora sabemos cómo cerrar acuerdos mientras cenamos juntos tomando unas langostas, con petos y toda la pesca… ¡Si eso no es vivir una experiencia de compenetración, ya no sé qué es! En lo profesional, la mejor forma de resumir mi experiencia es decir que fue muy reveladora y a la vez alucinante. Prácticamente cada día sentía el reto de hacer algo nuevo, y también la necesidad imperiosa de marcar la diferencia.

A veces, pensamos dentro de los límites de lo que conocemos, pero ¿por qué no “pensar en grande”? Las posibilidades que ofrecen la innovación, la tecnología y la robótica son increíbles, como pudimos comprobar en el MIT, en Harvard y en los distintos e-labs que visitamos a lo largo de la semana. Incluso cuando tienes una idea que parece una locura, inalcanzable o simplemente “fuera de lugar”, si crees en ella, si sientes pasión por ella, ¡intenta llevarla a la práctica! Marcharme con la sensación de “Yo puedo hacerlo, también” ya valió el dinero invertido. Vimos a equipos y a personas trabajando en proyectos que jamás habría imaginado y, sin embargo, están creando negocios en torno a ellos y obteniendo financiación para desarrollarlos.

Compañeros poco probables, como músicos e ingenieros trabajando juntos para encontrar soluciones a problemas sencillos y más complejos (¿Por qué no?). Pensar “outside the box” acaso sea un cliché, pero vimos que las ideas más creativas surgían precisamente de aquellas personas que trascendían el statu quo. Y, por supuesto, todo ello es necesario aplicarlo a nivel práctico, y en este sentido ESADE nos dio un buen resumen de cómo vender nuestras ideas a los inversores de capital riesgo (¡esta fue nuestra última actividad!), cómo moverse por el ecosistema de Boston –que es igual al de Silicon Valley– y cómo concebir de forma diferente los equipos y los espacios de trabajo. Y, por último, me sentí orgullosas de ver a otros alumni de ESADE y otros colegas europeos haciendo realidad sus ideas en el ecosistema de Boston.

¡Gracias, ESADE! Me lo pasé genial y a cualquier persona interesada en el emprendimiento o en la tecnología que nos va a cambiar la vida le recomiendo encarecidamente que se apunte a la experiencia del Boston e-lab.

Post escrito por Aurora Martínez Ramos

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