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¿Qué relación tienen el agua, el EMBA y las mujeres en Tanzania?

De entrada, seguramente no caéis en el vínculo entre estos tres ítems. Sin embargo, el elemento común entre ellos lo encontramos en los Aquatech Innovation Awards 2017, unos premios comprometidos con la sostenibilidad y, como su nombre indica, con la innovación.

Y es que Tecnoturbines, la empresa que fundó el exalumno del EMBA quincenal 2016 Jaime Lledó, ha sido premiada en estos prestigiosos premios. El pasado 30 de octubre, en Amsterdam, la start-up integrada por Lledó y otros seis ingenieros alicantinos recibió el premio a la categoría transporte y almacenamiento por el desarrollo de la picoturbina. Esta solución económica y eficiente, uno de los productos estrella de la compañía, permite generar energía para monitorizar instalaciones con difícil o nulo acceso a la red eléctrica.

El propósito de la empresa de Lledó es desarrollar tecnología que permita aprovechar la energía existente debido a la presión del agua para generar electricidad. ¿Cómo? Instalando microturbinas en las redes de distribución de agua para reducir o aprovechar las sobrepresiones presentes.

De este modo, empresas que manejan grandes volúmenes de agua tienen la posibilidad de optimizar sus recursos y en consecuencia ahorrar costes. Algunos de los clientes potenciales de Tecnoturbines son empresas dedicadas al riego, a la industria o a la distribución de agua potable.

Desde luego, un proyecto innovador que está llamado a revolucionar el sector al que se dirige. Y esa innovación en productos, soluciones o servicios de la industria hidráulica es la que los premios Aquatech Innovation llevan años premiando. En esta edición, Tecnoturbines fue elegida junto a otros 13 proyectos y empresas punteros por un jurado experto compuesto por profesionales de compañías como Wetsus, Akzo Nobel, Shell o Stowa.

Un bien tan preciado y cada vez más escaso como es el agua debe ser tratado de forma responsable y con la innovación en el centro. Así es como se plantea desde Aquatech Amsterdam, que muestra su compromiso con la sostenibilidad social y medioambiental donando las tasas de inscripción a la competición a AMREF Flying Doctors, una ONG que actualmente está llevando a cabo un proyecto en Tanzania que aboga por la abolición de la ablación y el acceso de niñas y mujeres a agua potable y una mejora en la higiene y el saneamiento de la comunidad.

Durante el transcurso del Executive MBA de ESADE los alumnos, con el soporte de todo el equipo de ESADE, idean y llevan a cabo proyectos profesionales, bien en el sí de la empresa donde trabajan o como nuevas ideas de negocio y emprendimiento. ¿Y cuándo y de qué forma se trabajan estas ideas? El EMBA plantea la última fase del programa, el Final Business Project, como un proyecto completo de creación de nuevo negocio, siempre tutorado y evaluado por expertos. Se trata siempre, por supuesto, de proyectos elegidos por los participantes en función de su trayectoria, perfil y objetivos. A menudo, estos proyectos van más allá de las aulas de ESADE y se convierten en exitosas empresas. El objetivo es muy claro: otorgar las herramientas al alumno, un profesional con un gran potencial, para que reflexione, aprenda y actúe a medida que gestiona sus procesos de cambio personal y profesional.

Jaime Lledó es, pues, un ejemplo paradigmático del impacto del EMBA en ese sentido, puesto que ESADE supuso el impulso definitivo para la emprendeduría y el desarrollo de su proyecto. Un proyecto, Tecnoturbines, que ha crecido hasta tener unas expectativas de ventas que rodean el millón de euros. Asimismo, Lledó y su equipo se están abriendo paso en el mercado internacional, y su firme intención es seguir creciendo.

Cuatro jóvenes profesionales que son ya unos changers. Y con su formación, calidad profesional y determinación, ¡los límites los pondrán ellos!

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Principales aprendizajes de la Semana International (junio de 2013), por Federica Zanelli (ESADE EMBA, 2013)

Un enfoque win-win para una cultura orientada al cliente

Uno de los principales conceptos que hemos analizado en nuestro viaje a Austin ha sido el enfoque win-win, como una de las principales herramientas para entender la cultura americana, orientada al cliente. Esta se basa en: (i) la búsqueda constante de soluciones para lograr la satisfacción de los clientes y de los proveedores, y (ii) un claro deseo de ajustarse a las expectativas de la demanda, mediante un enfoque de servicio. Estos pilares se perciben inmediatamente en todos los aspectos del sistema americano, y se han desarrollado especialmente en Texas. De hecho, tuvimos la oportunidad de presenciar en directo su impacto, desde distintas perspectivas: no solo durante las clases, sino también en la vida diaria o en el entorno comercial. Todo el sistema americano ha sido diseñado realmente para potenciar el emprendimiento y fomentar la iniciativa personal, pues recompensa el esfuerzo y la orientación a resultados. Pudimos observarlo desde una perspectiva de 360 grados.

El programa fiscal de Texas es un ejemplo claro de cómo el Estado se centra en atraer grandes inversiones y, al mismo tiempo, promover la economía local, para liderar con éxito el final de un período de recesión que ha sumido en los últimos años a los Estados Unidos en una depresión. Houston está impulsando con fuerza la industria petrolera; las empresas logísticas de San Antonio están aprovechado a su favor su proximidad con México; Austin se está convirtiendo en el próximo destino para las TIC: está creando las condiciones propicias para convertirse en un hub incubadora de empresas, para atraer las start-ups y las empresas innovadoras de Silicon Valley. Así es como Texas está aprovechando hoy sus activos locales para competir (ganar) una guerra mucho más extensa. El incremento de la tasa de crecimiento de la población y la expansión de las industrias de infraestructuras y servicios son dos indicadores de este gran esfuerzo, orientado a preparar el Estado para el nuevo entorno competitivo.

Esta visión optimista con el fin de crear un proceso positivo e incentivador la percibimos también en todas nuestras clases: todas fueron muy inspiradoras y nos invitaron a pensar en los principios para contribuir con éxito al sistema social. Lo que realmente me gustó más fue que este optimismo no se presentaba de forma naíf: los profesores aportaban pruebas (combinando la teoría con ejemplos reales y actuales) de cómo pueden surgir oportunidades de donde cabría esperar menos probabilidades de que surgieran. La clave es ser capaces de mirar más allá y estar preparados para dar el siguiente paso, con el fin de convertir nuestros puntos débiles en ases ganadores. Vimos cómo los retos del futuro inmediato pueden ser consecuencia de la evolución del panorama geopolítico (a raíz de la aparición de nuevos mercados o sistemas empresariales) o de la innovación en productos o servicios (en que las TIC son el motor principal para poder sacar provecho de la situación). Nos proporcionaron numerosos ejemplos de cómo las soluciones creativas o innovadoras, o la combinación de todos estos factores, pueden acabar marcando realmente la diferencia. En particular, vimos cómo los desafíos pueden convertirse en oportunidades a través de decisiones concretas de management –como la optimización del plazo de lanzamiento (time-to-market) dentro del ciclo de vida de un producto– y cómo asegurarse de que estas decisiones están alineadas con la estrategia general de la empresa.

Las clases estuvieron muy bien complementadas con visitas a empresas, donde pudimos observar directamente cómo se capta una oportunidad de negocio (como el centro de servicios de Dell, que aprovecha la intuición de la empresa con sus desarrollos) o se genera de la nada (como el modelo único de lanzamiento al mercado de Whole Food). Las visitas nos mostraron lo que ya habíamos visto en clase: cualquier idea de negocio surgida de la creatividad o la innovación debe ir acompañada de una planificación detallada y una sólida validación del mercado durante una intensa fase inicial. Incluso la idea más disruptiva debe validarse con tests estrictos, con feedback y ajustes continuos durante su implementación. Este proceso requiere mantener una fuerte orientación al cliente y un contacto directo con el mercado: constituye la base principal para lograr resultados efectivos no solo durante la fase de start-up sino también a largo plazo. En conjunto, todos estos elementos pueden garantizar la plena consistencia entre la organización y sus objetivos estratégicos, y también pueden determinar los máximos logros en materia de sostenibilidad y competitividad.

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